Mi madre en campaña
© Francisco Giménez Gracia
Les cuento uno de esos secretos que cualquiera puede vocear: en los partidos políticos no es raro que se formen grupúsculos de varia lección encargados de diseñar las estrategias, idear los mensajes, perfilar los programas y demás trajines propios de las campañas electorales. En el caso del Partido Popular no es raro que me llamen a mí de vez en cuando, sobre todo cuando se ven venir las urnas y cunden los nervios, todo lo cual me llena de orgullo, porque uno tiende a pensar que forma parte del Sanehedrín que escribe la Historia con letras mayúsculas y palaciegas, por más que lo cierto y verdad es que todo lo que se cuece en estos grupos de trabajo son recetas caseras que podrían ser escritas con las minúsculas de andar por casa. Pero eso no quita para que yo agradezca mucho que me convoquen y que se escuchen mis opiniones, porque eso es una muestra de cariño y de respeto (por mis canas, por mis letras, por mi trayectoria..., no sé bien) tanto más cuanto que casi nunca se tiene en cuenta lo que digo, lo cual a buen seguro es signo de la prudencia de mis compañeros y factor de los buenos resultados que viene obteniendo el Partido Popular de la Región de Murcia cada vez que concurre a unas elecciones.
Dicho todo esto, entenderán que si vengo aquí a contar mis tontunas no es movido por la vanidad (que la tengo diagnosticada, puesta a buen recaudo y sometida a tratamiento desde hace ya muchos años), ni por “la gravedad de la coyuntura política” (España siempre está en mitad de una grave coyuntura política, desde que tengo uso de razón); sino más bien por la alegría que resulta del encuentro con los lectores, y amparado en la certeza de que, diga lo que diga, nadie me hará caso; y así, con esa ligereza de ánimo, voy a proponer desde aquí el que creo que sería el lema de campaña ideal para mi partido ahora que nos vemos de nuevo sometidos al higiénico examen de las urnas. La idea, en este caso, no es mía, sino de mi madre, que es una fuente inagotable de chascarrillos luminosos. Bueno, mi madre es mucho más que eso, y ya aprovecho para soltar un artículo en femenino ahora que se aproxima lo del ocho de marzo. Mi madre, digo, además de suelta de lengua, es una mujer fuerte y valiente, con un carácter forjado por los obuses y el hambre y los aviones y las carreras y los refugios y el miedo y los gritos de la guerra de su infancia en Madrid, la misma guerra felizmente superada que los socialistas recalientan una y otra vez, como si no perdonaran a una nación que ya lo había perdonado todo; pero sigo con mi madre, una anciana que guarda en su recuerdo a una joven modista pizpireta, risueña y elegante que en la década de los cincuenta se colaba con toda la gracia del mundo en los salones del Hotel Ritz a que la convidaran y la bailaran, hasta que pasó a convertirse en un ama de casa al frente de la economía, de la administración, del sustento y del timón de su familia; sin más sostén que sus optalidones y sin más educación sentimental que la entresacada de las radionovelas que escuchaba mientras cosía. Una mujer que sabía estar pendiente de lo común, para que cada uno pudiera dedicarse a lo que nos era propio; una regidora que supo imponer un sentido del orden y de la disciplina que han hecho de mí un hombre insobornablemente libre; una mujer de su tiempo, de cada uno de los tiempos que ha vivido, de pocas confianzas, de buenas amigas, con muchas más luces que estudios; una mujer activa que, por serlo, se veía expuesta a las críticas de todos; aunque jamás consintió que nadie le faltara el respeto, ni dentro ni fuera de su casa, y que cuando se hartaba de escucharnos (“¿otra vez cocido?”, “¿No habrá otra hora para ventilar la habitación?” “¿Y por qué tenemos que ir todos a la Misa del Gallo?”...) nos soltaba una admonición, que es oro puro: “el día que yo falte, os va a comer la mierda”, y ése, y vuelvo ya a la campaña, es justamente el lema con que yo presentaría a mi partido en estas elecciones que se nos vienen encima; porque atisbo una cierta analogía entre esa mujer que administró una familia durante tantos años, y el partido que viene gobernando esta Región durante los mejores años de su historia: quien decide, arriesga y acierta y se equivoca, y por eso se expone a las críticas, muchas de ellas con razón (lo de la Misa del Gallo no tiene nombre, por ejemplo). Por eso entiendo que el Partido Popular haría bien en pedir perdón por sus errores, pero debería avisar a sus votantes y a quienes no lo son de que el día que nos falte, nos va a comer la mierda; pero a base de bien, además.
Este suelto fue publicado en el diario "La Opinión", de Murcia, el día 1 de marzo de 2019

