Le atendió Stalin

© Francisco Giménez Gracia

(El prestigio moral del socialismo I)

“Le atendió Stalin”, tal cual, así rezaba el pie de la cuenta que me presentaron en un bar de Murcia, para significar que “Stalin” era y es el nombre de pila del camarero que nos sirvió, un muchacho solícito en cuyas maneras afables nada anunciaba que fuese capaz de honrar la memoria de quien fuera uno de los mayores asesinos de masas que ha conocido la humanidad. La anécdota me pareció más sintomática que sorprendente; porque lo realmente insólito hubiera sido que, en lugar de un “Stalin”, me hubiera atendido un “Hitler”: no hay progenitor, ni cura, ni funcionario del registro en su sano juicio que condene a una criatura a responder de por vida a la gracia de “Hitler Martínez”, pongamos por caso, por el inmenso respeto que nos inspiran los muertos que el nazismo dejó a su paso, entre los que brillan con luz propia y tenebrosa los seis millones de judíos asesinados en la Shoáh. Pero. Ni los más de quince millones de rusos que asesinó Stalin, ni los tres o cuatro millones de ucranianos a los que condenó a morir de inanición, ni el horror del Gulag, ni los manicomios donde internaban a la disidencia, ni las torturas de la Cheka…, nada de eso ha sido obstáculo para que “Stalin” sea el nombre de pila un ciudadano de Murcia mental y moralmente sano. Y esto, ya digo, no me sorprende, dado que si por algo se señala la opinión pública europea de los siglos XX y XXI sería, precisamente, por esta deformación de la eticidad que justifica, o niega, o ignora, o perdona los crímenes y las calamidades del socialismo o comunismo, me da igual como lo quieran llamar.

Aquí los llamados defensores del socialismo suelen conceder que sí, que vale, que Stalin cometió “excesos” (¡oh, ah!), pero que la idea, el marxismo en sí, es una muy buena propuesta ética, económica y política. ¡Como si fuera posible separar una idea de su realización concreta! ¡Como si el marxismo pudiera existir separado de la historia, en una especie de cielo platónico, en la Biblioteca de Dios! Así que procedería recordar a nuestros intelectuales marxistas lo que ya sabemos nada menos que desde Aristóteles: que no existen Ideas separadas de la realidad, y que el marxismo no es ni puede ser otra cosa distinta de lo que el marxismo ha venido haciendo en este mundo. Y aquí procedería añadir que si Stalin resultó “excesivo”, mucho más lo fue Mao Ze Dong, a quien los historiadores más prudentes atribuyen unos setenta millones de ejecutados, a los que habría que sumar nadie sabe cuántos otros millones que murieron de inanición a resulta de las hambrunas desatadas por sus ocurrencias económicas. Y que peor aún resultó Pol Pot, otro socialista intachable, responsable directo del asesinato de un tercio (algunos dicen que la mitad) de la totalidad de los habitantes de su país, que se dice pronto; unos asesinatos sobre los que el propio régimen alardeaba y que fueron justificados en nombre del “progreso de la humanidad” por el inefable Olof Palme, el santo patrón de la socialdemocracia europea, que Dios tenga en su Gloria. Y que tampoco ha tenido mejor suerte la Cuba comunista, cuyos días son una película de zombis y cuyas noches son un desfile de jineteras desnutridas que venden su dignidad a cambio de unas bragas limpias. O esa Venezuela que fue la tercera economía del mundo en la década de los cincuenta y que ahora está muerta de hambre y de miedo desde que la gobierna el chavismo nacionalista y socialista (nacionalsocialista, o sea) asesorado por los jóvenes podemitas españoles, los de los chalets en Galapagar. Y que el comunismo ha sido eso en Rumanía, en Bulgaria, en Hungría, en Alemania, en Albania… en todas las partes en donde se instalaba y convertía lo que otrora fueron países prósperos y pueblos libres en cárceles y manicomios a cielo abierto, donde el programa económico y político consistía en mentir, torturar, idiotizar, encarcelar, espiar, robar y asesinar a todo el mundo en nombre del “hombre nuevo” y del “progreso de la humanidad.”
Que queden todavía tantísimas personas inteligentes, cultivadas y bien intencionadas (como lo es, sin duda, Stalin, el camarero que abría el primer párrafo de este suelto) que se niegan a admitir el fracaso del marxismo y que están dispuestas a pasar por alto los centenares de millones de muertos de los que es responsable el socialismo realmente existente produce un atracón de melancolía en el pensamiento liberal, a la que se suma la aporía que supone el que la apertura de los archivos oficiales, los testimonios de los supervivientes, las confesiones de los testigos, los alardes de los verdugos…, no hayan servido para disolver los graníticos prejuicios de la izquierda europea, prejuicios que permiten que el comunismo mantenga aún hoy intactos su prestigio político y moral, una aporía de cuyas raíces nos ocuparemos en una próxima entrega, si es que reúnen ustedes la paciencia de seguir con este asunto, que por nadie pase.

Entradas populares