Apuntes familiares
Llega mi madre a casa para ver “lo del enano”, Juego de Tronos, o sea. “¡EL ENANO BESA ECHANDO TODO EL CUERPO, COMO GARY COOPER!”, proclama la autora de mis días sin rebozo y sin sonotone, a grito pelado. Me quedo con ganas de pedirle que desarrolle su tesis, pero mi mujer me frena con una mirada de hielo que dibuja con toda nitidez las fronteras de mi libre albedrío. A mi madre los albedríos en general le chupan un pie y ordena y manda que antes de “lo del enano”, pongamos “el parte”, el telediario, “para ver a quién han matado hoy”. En los informativos todavía colea el análisis de las últimas elecciones y reponen el momento en el que Casado, Teodoro y Suárez Illana salen a asumir el contrapasmo del PP: “¿Quién es el del pelo canoso?”, pregunta mi madre, sin esperar más respuesta que la suya: “¡Parece la vieja de Psicosis con ese pelucón tan blanco!”. Es verdad que Suárez Illana parece más muerto que su propio padre, pero mi libre albedrío sigue sin dar de sí como para jalear a mi madre en presencia de mi mujer, así que respondo muy sobre mí que el caballero en cuestión no es la madre de Norman Bates, sino todo lo contrario, el hijo de Adolfo Suárez, y mi madre concluye que “en todas las familias pasan cosas”.
Vistos los muertos del telediario, nos ponemos con Juego de Tronos y empezamos por un episodio en que el Norte libra una batalla enloquecida contra los zombis. La fotografía es tenebrosa; los del Norte visten de negro y con greñas, como la gente del arte contemporáneo (por nadie pase), y los muertos son sombríos de por sí; así que apago las lámparas del salón, a ver si consigo meterme en la trama; pero no hay manera, porque ahora me bulle la cabeza con que la madre de Norman Bates tiene un acta de diputado en las Cortes, y eso me descentra. Tampoco ayuda mi madre, que no calla: “Qué asco de episodio, con el enano metido en el sótano y todo lleno de muertos que parecen los comunistas que se pinchan porros.” Los comunistas que se pinchan porros es el giro con que mi madre se refiere a los de Podemos, y me sabe mal que ofenda de ese modo, pero no consigo corregirla. “Son zombis, madre, y el enano está en la cripta del castillo, con una jarra de vino y tonteando con las mujeres, como a ti te gusta.” “Pues si tu padre viviera, ya estaría defendiendo a los zombis, con eso de que era de la UGT. Muy buen hombre tu padre, pero cuántos disgustos me dio con esas ideas suyas”, y mira de reojo a mi mujer y vuelve a suspirar: “En todas las familias pasan cosas”.
El episodio se alarga, y la batalla de Winterfell parece no querer acabar nunca. Mi impresión es que la serie, a partir de la sexta temporada, cuenta con más presupuesto que guión, como las políticas socialistas; pero en la familia estamos ya enganchados a esta fantasía, así que dejo vagar mi mente mientras van cayendo los vivos y se van levantando los muertos en una suerte de bucle que sólo puede desenredar el dizque Rey de los Muertos, sobre quien mi madre también dispone de opinión formada: “Ese es el Caudillo, que lo han sacado ya los rojos de la tumba.” El caso es que las gentes del Norte devuelven a Franco a su tumba, el episodio concluye, mi madre se despide y mi casa queda en silencio, que no en paz, porque ahora la memoria me escuece con el recuerdo de mi padre, y con las imágenes de esos zombis de hielo que se pinchan porros, y los del arte contemporáneo descabezando a los podemitas, y los Stark apuñalando a la momia de Franco, y un PP que parece que diera las ruedas de prensa a mitad de camino entre Winterfell y el Tanatorio de la M30, que igual en eso consiste el viaje al centro, en que se dejen el luto, que metan a la madre de Norman Bates en la nevera y que se paseen con cara de estar vivos, que para eso son jóvenes y listos. Sin enredarse con las ideas, que eso ya no interesa a nadie, aunque esté feo el decirlo.


